mayo 01, 2010

El señor de las moscas.

William Golding nació en 1911. Pasó por el Brasenose College de Oxford, tiene desde la infancia parentesco con el mar y le es familiar la zona de Cornualles. Toda su obra es a la vez entrañable y hostil, nos revela un mundo escéptico donde queda constancia de la degradación insalvable del hombre. El tema de la caída se repite. Los combates abismales entre el bien y el mal son el contrapunto de un autor que rehúye la publicidad y que, siguiendo las pautas de Swift y Smollet, nos crea una nueva moral de la degradación del hombre actual. Pero todo empieza simbólicamente con una caída.



Éste es el argumento de su primera novela, El señor de las moscas, que en 1954 conmovió las letras británicas. Estamos ante la alegoría de cómo unos niños que caen en una isla desierta desde un avión se van poco a poco convirtiendo en salvajes. Nos encontramos ante el tema de la pérdida de la inocencia, pero también de una lejana esperanza de salvación, y cuando vemos a Jack como símbolo del mal enfrentado con Ralph como metáfora del bien podemos descubrir uno de los grandes temas de la novelística de un autor que Golding admira y que es Conrad. En esta isla se pasa del Génesis al Apocalipsis y al final regresamos a la etapa de la tribu, volvemos al crimen. Dos niños son asesinados porque ellos mismos jugaban a matarse.

El texto anterior es un extracto de un articulo llamado "Un Nobel para la soledad" tomado de ElPais.com, Escrito por Cándido Pérez Gállego quien es catedrático de Literatura Inglesa de la Universidad Complutense de Madrid... y yo soy el Señor de las moscas, pero no la alegoría de Golding, yo soy el que las vende...

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