mayo 04, 2010

Al otro lado del Atlántico.

¿Devaluación?, ¿Expulsión?, ¿Rescate financiero?... qué opción es la correcta para hacer frente a la actual situación en el Mediterráneo. A decir verdad no es tema fácil, y es que Grecia ha traído consigo un sinnúmero de opiniones y divisiones dentro y fuera de la Euro zona.

Grecia necesita recuperar su competitividad percibiendo flujos de inversión extranjera, a la par de la implantación de reformas estructurales que le den aire suficiente para salir de esta crisis, de eso no hay duda; la devaluación sería, de hecho, una de las mejores opciones para que ocurriera. El gran problema es que no es viable debido a que desde hace 8 años, Grecia dejó de tener moneda propia al añadirse a la Unión Europea y francamente el resto de los integrantes no necesitan la devaluación tanto como la republica Helénica.


Angela Merkel, canciller del país líder del bloque, declaró en repetidas ocasiones que el apoyo económico a Grecia no era una opción, incluso llegó a señalar la posibilidad de la expulsión de este país de la comunidad; pero a decir verdad, es poco beneficioso lo propuesto por la canciller.

Como primera opción, el no otorgar apoyo a Grecia generaría una importante burbuja especulativa y las probabilidades de un contagio aumentarían con otros países, principalmente los del sur, esto generaría una depreciación de la moneda, pero más importante, crearía una aversión a la inversión en todo el bloque.

Por otro lado, expulsar a Grecia de la Unión, tampoco sería una buena idea, tomando en cuenta que es la primer crisis que el bloque atraviesa. Este acto sería clara muestra de la poca valía de la Unión e impactaría, seguramente, sobre los inversionistas, quienes, a la larga, y a pesar de las calificaciones internacionales, tendrían un menor índice de confianza sobre el grupo. Esto sin mencionar los efectos colaterales en el libre comercio, de lo que cabe señalar, la misma Alemania se ha beneficiado importantemente, llevándola a ser la líder de la unión.

Lo cierto es que después de muchas reuniones, análisis, foros y debates, los griegos cuentan hoy con un rescate financiero proveniente de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, el cual estará acompañado de un nuevo plan de austeridad encaminada a sanear las arcas públicas.

El objetivo de salvar a Grecia es impedir el cese de pagos de la deuda soberana, que asciende al 115.1% de su Producto Interno Bruto (PIB), por lo que sus socios de la Eurozona aprobaron un crédito de 110 mil millones de euros para los próximos tres años.

Durante el primer año, Atenas recibirá 30 mil millones, de los cuales una partida será antes de que tenga que enfrentar sus próximos pagos el venidero 19 de mayo, decisión adoptada para salvaguardar la estabilidad financiera de la zona euro. La Comisión Europea dio a conocer que será la encargada de gestionar la entrega de los fondos a Grecia y de vigilar el cumplimiento del programa de ajuste interno.

El rescate también prevé una reserva de estabilidad, ascendente a 10 mil millones para el sector financiero, en caso de que las dudas sobre la solvencia de Grecia se extendieran a los bancos del país.

La urgencia es evitar la bancarrota, pues con anterioridad y bajo la presión financiera externa, el gobierno de Atenas había anunciado cuatro paquetes de austeridad durante los últimos cinco meses, sin lograr dar seguridad a los mercados.

Las autoridades griegas acordaron imponer nuevas medidas de austeridad, estas suponen aumentos adicionales en los impuestos y recortes más profundos a las pensiones y los sueldos de empleados públicos. Medida poco popular, pero ciertamente la más viable, y tal vez, la única medida que, a largo plazo, podrá ofrecer un verdadero saneamiento de las finanzas públicas de aquel país. Con los recortes, el gobierno Griego pretende ahorrar 40 mil millones en tres años, con la meta de rebajar el déficit público a menos del tres por ciento del PIB hasta 2012, cifra que actualmente asciende al 13.6%.

El Euro bloque aceleró el programa de rescate por los temores a que la crisis helénica podría afectarles, sobre todo en los casos de Portugal, España e Irlanda.

Por el lado de la península Ibérica, el déficit fiscal español fue del 11,4% del PIB en 2009, apenas un punto menos que el griego, pero la deuda de todo el sector público sumará este año alrededor de un 55% del PIB (medio billón de euros) y si le sumamos el 19% de la desocupación laboral (4.4 millones de españoles sin trabajo), entendemos el miedo al contagio de esta crisis. Aun cuando existe una declaración por parte de calificadoras que señala la diferencia entre la crisis Griega y la agravada situación económica Española, lo cierto es que su nivel de solvencia se ve cada día más amenazado, con ello los niveles de riesgo se han comenzado a disparar bajando su calificación internacional y aumentando las tasas de la deuda soberana, algo francamente insostenible a mediano y largo plazos… ¿veremos otro rescate en el futuro cercano?...

Altibajos de un grupo económico, no creo poder decir que la decisión tomada el domingo 2 de mayo fue la correcta, pero si la necesaria. Opciones hay muchas y en igual medida las repercusiones. Europa eligió una unión y, a lo largo de su historia, un rápido crecimiento del que, tal vez, hoy vemos consecuencias. Todo esto me lleva a preguntarme si la Unión Europea podrá sortear y llevar a buen puerto su economía, probablemente, a pesar de lo complejo, sí; sin embargo creo que después de esta, su primera crisis, la Unión Europea no será la misma.

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