marzo 06, 2012

Dejando el hogar.

Toda historia tiene un inicio y esta comienza con un fenómeno denominado migración. Se nombra migración a todo desplazamiento de la población que se produce desde un lugar de origen a otro destino y lleva consigo un cambio de la residencia habitual. Existen factores que llevan a individuos, grupos y comunidades a desplazarse a otras regiones dentro del territorio nacional  para cubrir sus necesidades, principalmente, económicas; sin embargo, cuando estas opciones no son suficientes, suele darse el cruce fronterizo.  Aquellos mexicanos que toman la determinación atravesar la frontera lo hacen hacia los Estados Unidos y este es un factor que con el paso de los años ha modificado la estructura de las sociedades americana y mexicana. La cultura, usos y costumbres, densidad poblacional y la economía se han visto afectados.

De acuerdo con Rodolfo Tuirán, los factores que explican la migración de la población de México hacia los Estados Unidos se agrupan en tres categorías:
·         La oferta-expulsión de fuerza de trabajo, dada por la insuficiente dinámica de la economía nacional para absorber el excedente de la fuerza de trabajo y la necesidad de buscar salarios más atractivos;
·         La demanda–atracción, dada por la evolución de los sectores agrícola, industrial y de servicios de la Unión Americana y la demanda de fuerza de trabajo inmigrante; y
·         Los factores sociales, que ligan a los inmigrantes con la familia, los amigos, las comunidades de origen y destino, y que son determinantes para reducir los costos y riesgos asociados con el movimiento migratorio hacia los Estados Unidos.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), se estima que aproximadamente 28 millones de personas de nuestro país viven actualmente en Estados Unidos, de los cuales cerca del 50% no han regulado su situación migratoria. El 70% de los inmigrantes se encuentran entre 15 y 44 años, y solamente el 5.3% de ellos ha alcanzado formación profesional, de acuerdo al Instituto.
Ahora bien, estos procesos migratorios suelen implicar que uno o más miembros de la familia del migrante permanezcan en el lugar de origen dependiendo, en algún grado, de los ingresos que el migrante pueda percibir y posteriormente hacer llegar a la familia a través de una figura denominada Remesa.
De acuerdo a datos de la página de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), México es el primer receptor de remesas de América Latina y el tercero a nivel mundial, después de India y China. Sin embargo, antes de 1994 no se tenía la certeza de la cantidad de dinero que ingresaba al país por concepto de remesas que enviaban los trabajadores migrantes desde los Estados Unidos. Incluso este rubro no aparecía en los informes anuales de la balanza de pagos elaborados por el Banco de México. En 1994 el Banco de México modificó su metodología de medición de las remesas al incluir el monto de las transferencias electrónicas y una estimación de las transferencias de bolsillo, tanto en efectivo como en especie. En 1995 la cifra de remesas fue de 3.7 mil millones de dólares (mdd), mientras que para 2003 la cifra ascendía a 13.4 mil mdd. Según el propio Banco, las remesas familiares han crecido a una tasa de 17.9% en promedio anual, en el periodo que va de 1996 al 2003, con un crecimiento por encima del 30% en 2001 y 2003.
El aumento del monto de las remesas y su importancia como fuente de divisas del país, se observa en el hecho de que en el 2003 las remesas constituyeron la segunda entrada de divisas, después del petróleo, superando por primera vez a la inversión extranjera directa.
En 2003, las remesas representaron el 2.2% del PIB nacional, mientras que en 1995 solo representaba el 0.48%

La gráfica muestra, en millones de pesos, el comportamiento registrado por Banco de México en el ingreso de remesas desde 1996 hasta 2011, aunque se aprecian fluctuaciones en los años más recientes, producto de la más reciente crisis en Estados Unidos, podemos dimensionar el volumen de remesas y que este continuará a la alza en los próximos años.
De acuerdo con el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, se puede considerar  que son tres  los aspectos más relevantes del impacto de las remesas a la economía de México en el sentido macro.
En primer lugar, el ingreso de remesas se ha convertido en la segunda fuente de divisas para el país después de las exportaciones de petróleo crudo: En términos de la Balanza de Pagos de México, el ingreso de remesas en 2003, según lo reportado por el banco central, resultó equivalente a 2.2 puntos porcentuales del PIB, al 78.9% de las exportaciones de petróleo crudo y superó, tanto al monto de la inversión extranjera directa (IED), que ese año sumó 10,731 millones de dólares, - su nivel más bajo en los últimos años -, así como, los ingresos por concepto de turismo, que en 2003 año fue de 6,680 millones de dólares.
Un segundo impacto de las remesas se genera en el mercado interno. Las remesas tienen un fuerte impacto en el consumo, pues según estimaciones del Banco de México, el ingreso de las remesas está beneficiando al 25% de los hogares con menores ingresos del país. Y de estos ingresos dichos hogares destinan, 8 de cada diez dólares al consumo familiar, esto es, para cubrir sus necesidades básicas. Esto lleva a concluir que la economía mantiene el dinamismo del consumo interno, en buena medida, sostenido por las remesas.
El tercer efecto macroeconómico es que las remesas tienen un impacto en la disminución del déficit de la Cuenta Corriente. Las remesas en los últimos años han cobrado una seria importancia para el financiamiento del déficit de la cuenta corriente de México.
Es importante señalar los medios por los cuales se realiza el ingreso de las remesas a México. Básicamente existen las transferencias electrónicas, Money Orders, Efectivo (vía servicio postal) y cheques personales. La gráfica de abajo señala la composición, en millones de dólares americanos, de las remesas de acuerdo a la transacción con que han sido realizadas en el periodo 1996 – 2011.

El Banco Mundial estima (en base a un estudio propio: Receptores de Remesas en México, elaborado en los meses de septiembre y octubre del 2003), que el 18% de la población adulta en México, alrededor de 11 millones de personas, recibe remesas de manera regular de familiares que viven en el extranjero. El 95% de los receptores de remesas reciben dinero del vecino país del norte (Estados Unidos) y de este universo (ver gráfico 5), el 63% son mujeres y el 37% son hombres.
México es el país que tiene la comisión más baja en el envío de remesas desde los Estados Unidos, sin embargo, ocupa el sexto lugar en la comisión de la tasa de cambio, de acuerdo con Manuel Orozco, especialista de la Universidad de Geogertown en Washington, quien elaboró un estudio sobre el tema para el Banco Interamericano de Desarrollo. Este mismo investigador reconoce que México ha avanzado en la reducción de los costos de envío de dinero mediante la implementación de la “matrícula consular” que el gobierno mexicano promovió a fin de que nuestros connacionales tuvieran acceso a los servicios financieros y contar así con una cuenta bancaria.
Hasta febrero de 2012, las remesas suman 16 meses consecutivos de crecimiento y, mientras la economía estadounidense se recupere, los flujos de remesas continuarán en ascenso.  Su trascendencia es innegable, al igual que es controversial su propia importancia en la economía del país; lo cierto es que continuamos con la necesidad de reformas estructurales que incentiven el desarrollo de la industria en los distintos sectores productivos a mediano y largo plazo. Adicional a ello, el sector financiero y bancario del país tiene una gran área de oportunidad: democratizar la banca. Permitir y fomentar el acceso al sector financiero a todos los niveles y regiones de la republica entregaría la posibilidad de mejorar las condiciones de realización de las operaciones y los beneficios colaterales serían, sin duda, el valor agregado que en este tema podemos buscar en el corto plazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario